lunes, 18 de agosto de 2014

Una aproximación a la arquitectura modernista sevillana (1)



Dedicamos esta primera entrada a la huella de la arquitectura modernista en Sevilla a una aproximación inicial al fenómeno. Hemos tomado las fotografías de fuera de Sevilla de la Wikipedia, aunque en su momento pudimos disfrutar de las obras catalana y la vienesa. Las fotografías históricas han sido tomadas de los blogs que se citan. Las fotografías en color de los edificios de nuestra ciudad son  nuestras.

Siguiendo a Víctor Pérez Escolano en su obra Aníbal González. Arquitecto (1876-1929) (Diputación Provincial de Sevilla, Sevilla, 1996 –Primera edición de 1973),

...cuando Aníbal González concluye sus estudios de arquitectura en 1902, la arquitectura europea está intentando buscar alternativas al callejón sin salida que representa el eclecticismo. Hay un deseo de cambio profundo alineado con  las corrientes renovadoras de la cultura. (…) Es el Art Noveau belga, el Jugendstil alemán, el Secesionisno vienés, el Modernismo catalán, el Floreale italiano, la Escuela de Glasgow escocesa.


Son cultivos en los que se darán las condiciones óptimas para el surgimiento de personalidades que densifican esa coyuntura histórica. Horta, Wagner, Hoffman, Olbrich, Guimird, Mackintosh, Gaudí, Domanech i Montaner o Jujol. Cataluña, plena de vida y de carácter, apoyada sobre el esfuerzo singular de una burguesía pujante, imaginativa y segura de si misma, cobija toda la vitalidad de la marcha joven del arte. El modernismo –son palabras de Oriol Bohigas- fue el estilo de la burguesía catalana floreciente, la que fundó y puso en marcha un país cuando sus impulsos tenían todavía un signo progresista (…)



Casa Batllo, Barcelona, Gaudí
Casa Foster, Barcelona, Domanech


Palacio Stoclet, Bruselas, Hoffmann

Maison Tassel, Bruselas, Horta

Pabellón de la Secession, Viena, Olrich





















No quiere decir esto que dentro de España el modernismo tuviese solo su expresión en Cataluña, aunque ciertamente fuese allí su profusión más genuina en cantidad y calidad (…)

En primer lugar cabría afirmar el carácter gregario de nuestra arquitectura modernista. Su carácter es claramente secundario con respecto a los núcleos importantes del movimiento. Las motivaciones fundamentales ya las enunciamos más arriba: ausencia de una estructura economía y social apropiada y falta de tensión cultural, de convicción personal poderosa en sus artífices, tal como nos lo demuestra la disolución del pequeño movimiento e incluso los posteriores repudios por parte de la mayoría de sus autores.


Los inicios del modernismo en Sevilla tienen en la joyería Reyes (1900-01) del arquitecto Juan de los Reyes, la obra primera y simbólica de su carácter de “importación”; un comercio nuevo a la moda, con un refinamiento en sus elementos y detalles en portaje, paredes de papel pimtado, techos y mobiliarios parisino. Tras ella, en los años primeros del siglo, irán surgiendo obras de José Gómez Otero, Aníbal González, José Gómez Millán, Simón Barris, Francisco Hernández Rubio, José Espiau y otros de más o menos acusado carácter modernista.






Sin duda, al margen de prioridades en el tiempo, si hubiera que destacar unas obras, incluso unos arquitectos dentro del modernismo sevillano, para nosotros son los de Aníbal González y las de Simón Barris las de mayor interés en su conjunto. Del primero el edificio del antiguo Café París en la Campana (desaparecido), las casas de Luis Montoto 3y 5, las de las calles Alfonso XII 27 y 29 y Almirante Ulloa 4, la Central Térmica del Prado de San Sebastián (desaparecida) y la subcentral de la Cia. Sevillana de Electricidad en c/ Feria entre otros; dl segundo, la casa de c/Tomás de Ibarra 7-9 o la casa del arquitecto en c/ Luis Montoto, 9…

Pues bien, en esta entrada vamos a detenernos en estas siete obras que a juicio de Pérez Escolano son destacables en el panorama de la arquitectura modernista sevillana. Dos de ellas están desaparecidas y alguna otra muy transformada.

La primera imagen de esta entrada y la que mostramos a continuación corresponden a la desaparecida fábrica de la Sevillana en el Prado de San Sebastián, que estaba situada en donde actualmente tiene su sede la compañía en la avenida de la Borbolla. Están tomadas del blog que se enlaza 




Otro edificio, desgraciadamente desaparecido, que estaba situado en pleno corazón de la ciudad, en la Campaña, era el Café París, de Aníbal González. La foto, tomada del blog que se indica,  es de una colección de postales que regaló hace años un periódico local.





Y sin solución de continuidad, vemos los otros cinco edificios y las notas sobre los mismos que da la web del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico



La casa y oficina para Juan de Haro de Simón Barris y Bes data de 1905 y está situada en la calle Tomás de Ibarra:






La calle Tomás de Ibarra, trasera de la Avenida de la Constitución, con casas de pisos de entre dos y cinco plantas de altura, que une el Postigo del Aceite con la puerta de la Casa de la Moneda, con predominio de arquitectura regionalista, encuentra en la casa que ocupa los números 7 y 9 su elemento más singular.

La casa, de tres plantas, recuerda, en la sinuosidad de su fachada, en la plasticidad con que se produce la transición entre planos distintos disolviendo las aristas o en los motivos ornamentales, la arquitectura de Víctor Horta en Bruselas.

Simón Barris y Bes puede considerarse el arquitecto que en Sevilla mejor representa el modernismo de raigambre centroeuropea, lo que queda de manifiesto en la casa que nos ocupa, en la desaparecida casa también de Juan de Haro en la Plaza de Santo Tomás o en su propia casa de la calle Luis Montoto




La casa propia de Simón Barris en Luis Montoto, de 1906





Se sitúa al inicio de la calle Luis Montoto, frente a la zona conocida como Puerta de Carmona, una de las vías históricas de salida de la Ciudad. Los edificios colindantes son algunos también de principios de siglo construyendo fachada alineada al vial. Frente a la casa Simón Barrris existe aún algunos restos de los antiguos caños de Carmona, que abastecían de agua a la ciudad.

Con motivo de la Exposición Universal del año 1992 se produjeron algunas importantes transformaciones en la zona, entre ellas la demolición del puente que salvaba las vías férreas, actualmente soterradas. El incremento del valor del suelo ha supuesto también la progresiva sustitución de viejos edificios residenciales por otros nuevos, de mayor altura con la consiguiente modificación parcelaria. Se trata de la casa del propio arquitecto, en una parcela de reducidas dimensiones.


Destaca la decisión de retranquear la edificación, alineando sólo una parte junto a la medianera oeste y que hoy corresponde con una puerta de garaje. La fachada se aproxima por su composición a las teorías modernista de la época, y que se confirma la estudiar la documentación planimétrica original. Se denota sobre tono en la puerta de entrada con el óculo incorporado y en los volúmenes que sobresalen del plano de la fachada creando una especia de "bow-window". Los paños ciegos se trataban mediante líneas rehundidas; un recurso compositivo posteriormente utilizado por arquitectos regionalistas. Con el paso del tiempo, esta arquitectura se ha ido modificando, y hace algunos años, toda su fachada se pintó de blanco. 

Esta circunstancia ha hecho que se perdiesen algunos elementos decorativos pero también ha supuesto que los volúmenes sobresalientes se diluyesen sobre un fondo unitario, quizá más abstracto, lo que puede interpretarse como el descubrimiento de un valor que estaba oculto en el edificio. El interior ha sido objeto de continuas transformaciones, hasta llegar a demoler todo su interior, manteniéndose sólo el plano de fachada que es la única razón que justifica su catalogación.




En la siguiente imagen se ve como era la fachada original del inmueble.


En la misma Luis Montoto, Aníbal González levantó en 1905 esta Casa plurifamiliar para Juan de la Rosa




Constituyen dos inmuebles resueltos bajo un mismo proyecto que otorga al conjunto una imagen unitaria y repetitiva. Esta temprana obra de Aníbal González coincide en fechas con sus intervenciones modernistas de la calle Alfonso XII mostrando la diversidad estilística de este arquitecto. En este caso se trata de unos edificios con unas dimensiones importantes de fachada lo que le facilita su labor compositiva y que en este caso se basa esencialmente en un cuidadoso trabajo de la fábrica de ladrillo visto.


La composición queda aún más resaltada por la utilización cromática del elemento cerámico. Por un lado utiliza el ladrillo de tonalidad amarilla para las pilastras, los frentes de forjados y para el enmarcado de huecos y puertas El ladrillo con tonalidad rojiza se destina a la construcción de los paños del cerramiento. En ambos edificios, existe una doble composición, distinguiendo la parte la fachada de la vivienda que se organiza simétricamente respecto a la entrada peatonal, desarrollando una balconada que se extiende por casi la totalidad de la fachada y que culmina, sobre el eje de simetría, con un cierro acristalado donde se realiza también un delicado trabajo con la perfilaría de hierro. De la totalidad de la fachada se segrega un vano que se organiza de nuevo sobre el eje de una segunda puerta, en este caso para acceso de carruajes y posteriormente de automóviles.

Las pilastras son las encargadas de establecer dicha separación. En general, la composición resulta bastante sobria ya que la ornamentación que introdujo Aníbal González está localizada en torno a los huecos y la balconada. Los paños ciegos y planos de color rojizo, destacan en el conjunto. Al carecer de cualquier ornamento todo el valor reside en su correcta construcción. La fachada se encuentra en muy buen estado. Las transformaciones sufridas se remiten a los huecos de planta baja que el algún momento han sido adaptados al uso comercial. El cierro acristalado es el original


También de Aníbal González es la casa para Laureano Montoto en la calle Alfonso XII.








I

























Aníbal González que se había titulado en 1902, proyecta esta casa, con códigos compositivos propios de la vanguardia de principios del siglo XX.

De ella cabe valorar especialmente la construcción del plano de fachada con ladrillo visto como fondo de la composición de los distintos motivos florales realizados en bloques de hormigón de cemento y del trabajo de la forja en hierro en barandillas y cierres. Este uso del ladrillo en fachada acota convenientemente toda la decoración, que se muestra sencilla en su conjunto si se compara con otras manifestaciones modernistas del momento. Atendiendo a los detalles, se observa una decoración muy trabajada, con un sistema floral complejo a pesar de utilizar el bloque de hormigón de cemento, lo que también podría aplicarse a los herrajes que distinguen a las barandillas y a los cierres de la planta principal. La estructuración de la fachada reconoce tras la decoración modernista una composición clásica, con tres huecos en planta baja y primera dispuestos simétricamente, que se coronan con una tercera planta tratada con cinco huecos de menores dimensiones.

La decoración floral se dispone entre forjados, rodeando los huecos de fachada y construyendo el pretil de la azotea que se trata en continuidad con los machones que separan los cinco huecos de la última planta. El color rojo de los ladrillos de fachada significan aún más la singularidad que alcanza la decoración modernista, consiguiendo Aníbal González una arquitectura que acaba conjugando una tendencia de vanguardia con un sistema constructivo y compositivo que posteriormente caracterizará a la arquitectura sevillana en los años siguientes.




Aníbal González diseñó en 1906 la Sub-central de la Compañía Sevillana de Electricidad de la calle Feria. 





Entre las primeras obras de Aníbal González, junto al Café París (1904-06) o las casas para Laureano Montoto en la calle Alfonso XII (1905-06) "todas ellas de clara influencia modernista-, es significativo hacer mención de este edificio por su uso industrial.

Se trata de una pieza de tres plantas de altura a la calle que alberga las instalaciones de una sub-central eléctrica. Su situación en un entorno urbano de casas de altura similar, muchas de ellas reformadas y sustituidas pocos años después, hace que el edificio se decante por formalizar una fachada que responde antes al carácter residencial de la calle que a su uso industrial.

El estucado en color amarillo de la fachada simulando sillería en las dos plantas superiores, la rotulación que indica su uso, el trazado poco ortodoxo de las molduras que refuerzan como falsos arcos los huecos de planta primera o el apilastrado y sus remates de coronación en el pretil, son muestras tanto del contexto de inicio de siglo en que se realiza el proyecto como de lo incipiente de la obra en la biografía de su autor, quien pronto abandonaría el modernismo como referencia formal de su arquitectura "al que tan eclécticamente recurre-, por el regionalismo que desarrollará en obras posteriores.


Como siempre, esperamos que les haya gustado esta entrada y que hayamos contribuido a conocer un poco más sobre el modernismo en nuestra ciudad.

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